lunes, 1 de abril de 2013

Aburridos y convencidos

Antes de comenzar a explicar  el porqué la tercera temporada de The Waking Dead (en especial su segunda mitad) ha colmado mi paciencia con la serie, conviene aclarar que escribo estas líneas antes de ver su season finale, para evitar que mi juicio se endulce si por enésima vez un cierre apoteósico salva una temporada televisiva de la quema total. Dicho lo cual, al grano.

¿Ha sido la tercera temporada de The Walking Dead la peor de la serie? Ni mucho menos, pero en ella sí se han dado unas condiciones que, para mí, han contribuido a que sea la más decepcionante de las tres, motivos que comienzo a desgranar.

Primer pecado: jugar con nuestras ilusiones. Tras los dos primeros años en los que la serie era un quiero y no puedo, la tercera temporada arrancó de manera espectacular. Ocho capítulos tensos y trepidantes que nos hicieron pensar que por fin se había convertido en lo que tenía potencial para ser, olvidando su ritmo cansino y sus valles de absoluto tedio. Sin embargo a la vuelta del parón nos encontramos por un caminar por el desierto intrascendente, una serie de capítulos-paja sin nada que aportar, destinados a rellenar para conseguir aplazar el enfrentamiento entre los grupos de Rick y el Gobernador hasta la season finale (si es que no han alargado la procrastinación argumental con la que nos han castigado hasta la cuarta temporada)

Segundo pecado: una adaptación no literal, con filler. Sobre The Walking Dead se ha dicho en incontables ocasiones que no busca ser una adaptación literal del cómic homónimo, sin embargo la tercera temporada ha caído en uno de los fallos más habituales de las que sí lo son: el temido filler, las tramas inventadas, hablando mundanamente. El filler es una herramienta que se suele usar en las adaptaciones de manga a anime para evitar que la serie animada alcance el ritmo del manga, es decir, la publicación original en la que se basa. Y si bien, no estamos ante un caso de filler "de manual", la segunda mitad de la serie me ha recordado a tantos capítulos de Naruto, por poner un ejemplo, destinados a hacer bulto sin más misión que ganar tiempo y aplazar el avance de la trama. Episodios como el de la reunión de Rick y el Gobernador, cuarenta y dos minutos dedicados a algo que podrían haber resuelto en 15, dan buena cuenta de ello. 

Tercer pecado: si tienes algo bueno, aprovéchalo. La serie de AMC no es una adaptación literal. Lo tenemos claro. Pero eso no significa que haya que cambiarlo absolutamente todo. El arco de la prisión, uno de los más celebrados por los seguidores del cómic, cuenta mucho más que la confrontación con Woodbury, que es a lo que se ha reducido la temporada. Como consecuencia, el punto anterior, la obligación de estirar el chicle para rellenar 16 capítulos con una historia que no da para tanto. Si tienes buen material original y tiempo de sobra para contarlo ¿por qué omitirlo?

Cuarto pecado: la irremediable sensación de que nada va a cambiar. Este es sin duda, el punto más duro de todos. En la primera dijimos que no se la podía juzgar duramente ya que se trataba de una temporada atípica, de tan solo seis capítulos. En la segunda que se enfrentaban por primera vez a una temporada completa. En la tercera ya no hay clavo al que agarrarse para excusar los problemas de la serie: The Walking Dead es así intencionadamente. Su ritmo lento, sus tramos increíblemente aburridos o los capítulos y capítulos en los que no pasa nada no son consecuencia de ningún problema, son el estilo de la serie. Y un estilo, dicho sea de paso, con el que arrasa en audiencia. Y si algo funciona tan bien, ¿por qué van cambiarlo?

Tres temporadas después queda claro que The Walking Dead es esa relación que se sostiene más en lo que crees que puede llegar a ser la otra persona que en lo que realmente es. Cuando se cae la venda tienes dos opciones, aceptarla o cortar. Y mi relación con Rick y compañía no tiene visos de alargarse.














martes, 22 de enero de 2013

El modelo Lecter

Cultos, con una inteligencia por encima de la media, carismáticos... y asesinos en serie. Desde que el magnífico Hannibal Lecter de Anthony Hopkins nos deleitara en 'El silencio de los corderos' es habitual encontrar en series y sobre todo películas, este modelo de psico killer cuyo tatarabuelo y fuente de inspiración bien pudo ser Jack el Destripador. Tipos talentosos cuya, a priori, estimable contribución a la sociedad queda anulada por ese instinto que tan magistralmente bautizó Dexter Morgan como 'dark passenger' y que les impulsa a clavar objetos punzantes en pobres desgraciados que suelen responder a un definido, y obsesivo, modelo. El último representante de la estirpe acaba de aterrizar en Fox, con el nombre de Joe Carrol (James Purefoy) en 'The Following'

'The Following'  es producto de la mente de Kevin Williamson, conocido por su participación en 'Scream', la saga que resucitó al asesino en serie para la gran pantalla. Sin embargo el amor por la sangre y los artilugios afilados es lo único que une a 'Scream' con 'The Following'. La saga protagonizada por Courney Cox y Neve Campbell (me he acordado del nombre de esta última sin mirarlo, lo prometo ¿qué fue de ella?) se sustentaba principalmente en el desconocimiento de la identidad del asesino (que acababa siendo un adolescente descerebrado) y sus motivaciones (normalmente locas venganzas) sin embargo 'The Following' se decanta por el modelo Lecter, no solo presentándonos un antagonista con características muy similares a Hannibal (hasta tiene habilidades quirúrjicas) si no también por su estructura. Conociendo la identidad del asesino pasamos del gato y el ratón al tango de la muerte (sin embarazo final #SimpsonFacts)

En frente encontramos al personaje de Ryan Hardy, un cóctel de todos los tópicos del género (tipo duro, de mal carácter, solitario, experto en el asesino en cuestión, de casi nula vida personal, con alguna adicción) interpretado por Kevin Bacon que en su primer protagonista televisivo tendrá como reto aportar matices interesantes a un personaje que bebe de tantos lugares comunes.

En su título 'The Following' no hace referencia solamente a la persecución, seguimiento literalmente, entre policía y asesino si no al que promete ser el elemento estructurador de la serie. Y es que este Hannibal del siglo XXI tiene muchos followers y no precisamente twitteros. Porque si el padre de Carrol es el doctor Lecter su tío (paterno por su puesto) es Charles Manson del que hereda una secta de locos dispuestos a hacer lo que haga falta por él y con los que tendrá que lidiar Ryan Hardy (¿en casos autoconclusivos?)

El piloto agrada, noticia en drama en esta aciaga 2012-2013. A poco que Purefoy y Bacon estén correctos, la serie nos ofrezca buenas dosis de acción y sangre y los casos, de haberlos, sean mínimamente interesantes, 'The Following' se convertirá, puede que más por incomparecencia que por mérito, en el drama de la temporada, eso sí, con el permiso de papá Lecter, cuyo desembarco en NBC está a la vuelta de la esquina.




lunes, 17 de diciembre de 2012

¿Quién es esta extraña con la que estoy saliendo?

Cuando empiezas una relación todo es maravilloso. Estás con la persona ideal, con la que encajas a la perfección, que comparte tus gustos, tus aficiones, tu forma de pensar... solo que a veces descubres que no es así. A veces descubres, con el paso del tiempo, que mitad por lo que habías imaginado, mitad por lo que el/la susodicho/a había ajustado la realidad para agradarte, sales con alguien totalmente distinto a lo que te pensabas... y esto viene a ser lo que me ha pasado con la segunda temporada de 'Homeland'.
 
 "¿Pero no te gustaba el fútbol?" Carrie vuelve a la acción en el primer capítulo. "Vaya, me dijiste que las moñadas románticas no te iban para nada". Saul y Carrie descubren a Brody en el segundo. "¿¿Votas al PP??" Carrie desenmascara a Brody que es detenido e interrogado antes de mitad de temporada. "Ah, que quieres ir a la Ópera". Muere Abu Nazir. Y de pronto caes en la cuenta que no sabes quien es ese extraño con el que compartes cama.

Esta segunda temporada ha alterado de manera radical el concepto de la serie. 'Homeland' ha abandonado la sutileza que la caracterizó en la primera temporada para sustituirla por una sucesión casi adrenalínica de acontecimientos que nos hace recordar que sus creadores fueron los responsables de '24'.

La celeridad con la que la serie ha ido quemando trama en la segunda temporada me irritaba. No me sentía cómodo en ningún momento. Como en esa relación en la que con el paso de los meses vas descubriendo desagradables sorpresas, 'Homeland' ha mutado demasiado rápido y con absoluta falta de delicadeza en algo totalmente distinto a lo que en su día nos plantearon.

Poco queda de ese thriller psicológico que nos encandiló. Ni rastro de ese juego del gato y el ratón entre Carrie y Brody. Ni duda, aunque nos quieran vender que sí, sobre la verdadera identidad de éste. La temporada comenzó en Rubicón y ha acabado en El fugitivo. Esta transformación, unida a ciertas cosas que no han acabado de convencer, el ridículo final de Abu Nazir, o que directamente nunca convencieron, la absurdísima trama de Dana, ha hecho que la serie baje un escalón en esta segunda temporada.

Pese a esto sería ridículo negar que 'Homeland' sigue siendo de lo mejorcito que hay en televisión. Y siempre es loable ver como una serie tiene la audacia y ambición de explorar nuevos niveles antes de quedarse estancada, aún a riesgo de provocar el rechazo en algunos seguidores. Sin embargo no deja de apenarme comprobar que ya no es, ni volverá a ser, aquella chica que me robó el corazón hace casi dos otoños

lunes, 11 de junio de 2012

Los infelices de Madison Avenue

La infelicidad. Un tema recurrente en Mad Men que a golpe de guion se ha convertido esta temporada en el leit motiv central de la serie. Como respuesta simbólica a su difícil parto Mad Men nos ha ofrecido su temporada más oscura, más asfixiante, más desasosegante. Don es infeliz por naturaleza pero en este quinto año ha traspasado su habitual infelicidad que se ha filtrado por los muros de SCDP como una nube de gas tóxica, alcanzando a todo el que se cruzaba a su paso. ¿Queda alguien entero por ahí?

Un vendaje temporal sobre una herida permanente. Así define Pete Campbell, sobre el que volveré más adelante, su vida familiar. Y esto mismo ha sido Megan para Don. Un salvavidas para agarrarse en un momento de deriva absoluta. Un vendaje que tapó su herida permanente. Algo que llegó a funcionar para Don pero no así para Megan. Y Don alejado de su egoísmo habitual, inspirado por su breve encuentre con Peggy, deja que Megan vuele. Retira el vendaje antes de que quede inutilizable. Se niega a convertirla en otra Betty, aunque el precio a pagar sea volver a oscuras barras de bar. Su viaje finaliza, y la duda está en saber qué ha aprendido por el camino.

Pete por su parte ha abrazado enteramente al draperismo. Su motor siempre ha sido su ambición, ambición que ha ido alimentando y alimentando hasta cebarla. Cuando ha llegado a su límite, cuando la necesidad de obtener cada vez más ha dejado de llenar su agujero se ha topado de lleno con una vida familiar absolutamente insatisfactoria. Rory Gilmore ha sido su primer paso en el draperismo, modus vivendi que tendrá como centro de operaciones ese piso en la ciudad al que tan inocentemente accede la infeliz Trudy. Pete tratará de vivir como Don sin ser Don. No puede acabar bien.

En una serie con un tono tan masculino son curiosamente las mujeres las que salvan la cara esta temporada. Peggy y Megan han atravesado su particular purgatorio con Don, el de Peggy más largo, el de Megan más intenso, tras el que ambas tocan sus sueños con la punta de los dedos. No sería de extrañar una sexta temporada sin su presencia como parte de un reinicio final para Don cara a los 2 últimos años de la serie. Otra que alcanza sus sueños, o más bien el lugar que merece, es Joan. La explosiva señora Harris lleva siendo el motor de la empresa desde los tiempos de Sterling Cooper pero la meritocracia es esquiva para las mujeres, pregúntenle a Peggy. Casi destinada por su despampanante belleza, Joan logra al fin su corona... en la cama. Un alto precio para un futuro prometedor que solo pueden oscurecer sus demonios personales con Lane a la cabeza.

Con Peggy y Megan dudamos sobre su retorno pero la que es segura es la despedida de Lane, con la que por cierto Jared Harris cierra su annus horribilis televisivo. Lane siempre ha sido un pez fuera del agua, tanto en su matrimonio, intentó huir de él para regresar con el rabo entre la piernas, como en la empresa, donde siente que solo está por necesidades del guion. Su suicidio funcionó mejor como catalizador del ambiente de asfixiante infelicidad que se había instalado en la serie casi sin que nos diéramos cuenta que como salida absolutamente coherente para el personaje, suicidio que, eso sí, puede traer interesantes futuras repercusiones.

Queda por hablar de Roger. El Mad Man por excelencia es casi la hormiga exploradora para este grupo de infelices, enseñándoles el camino de cabeza a la miseria absoluta. Hastiado de su trabajo, coleccionando matrimonios, siempre creí que el motivo de la infelicidad de Roger era su amor imposible con Joan, una idea tan naif que no se ni como pude considerar. Joan es una más, como demostró el caso Jaguar, y Roger el auténtico fantasma de la empresa, tan perdido que solo el colocón de LSD le recuerda que merece la pena seguir vivo.

SCDP echa el cierre con el mejor trimestre de su corta historia. Y sus personajes con los bolsillos cada vez más llenos, los corazones cada día más vacíos. Quizás en los tiempos de desigualdades sociales más grandes que se recuerdan en décadas Weiner lance un salvavidas mostrandonos ya sin titubeo, las miseras de los guapos y ricos de Madison Avenue. Quizás simplemente nos esté contando la historia de un grupo de infelices. Sea como sea, la caída libre continua.

Los adorables locos de Zooey

Ser la comedia revelación del año y estar protagonizada por la (increíblemente) adorable Zooey Deschanel eran motivos más que suficientes para rescatar New Girl del baúl de las series abandonadas por falta de tiempo. Y puedo decir que ha cumplido totalmente las expectativas que tenía sobre ella.

New Girl es una serie de personajes. Parece una definición extraña para una sitcom pero es así. No desarrolla gags hilarantes con un timing perfecto al estilo Modern Family. No tiene la originalidad y frescura que tuvo en su estreno How I Met Yout Mother. Por supuesto no alcanza las cotas de riesgo y experimentación de Community. La serie de la Deschanel jr. se basa en las excéntricas reacciones de unos personajes algo maniáticos y desequilibrados ante situaciones relativamente normales.

Ésta es la principal barrera que se econtrará cualquiera al asomarse a New Girl. Si no entras en los personajes, en como son, en como reaccionan, en como se relacionan (principalmente a gritos) es imposible que la serie te guste porque no tiene nada más a lo que agarrarse. Una vez superada esta traba New Girl se destapa como una sitcom muy divertida sustentada en la genial química que se desarrolla entre ellos, principalmente entre los 4 compañeros de piso, que acaban encajando a la perfección y a los que no te cuesta imaginar como amigos de toda la vida.

Si se le puede poner un pero a la primera temporada es precisamente sobre sus personajes, más concretamente sobre dos de ellos: Winston y Cece. Jess, Nick y Schmidt están bastante bien dibujados y funcionan tanto en tramas corales como en solitario, algo que no ocurre con los 2 anteriormente citados.

Con Wiston da la sensación de que no hay ningún tipo de línea a seguir, que su desarrollo se va improvisando sobre la marcha y éso da lugar a un personaje algo desenfocado. A veces parece que quieren convertirle en la voz de la razón dentro del piso, camino que descartan y retoman una y otra vez. Todavía no han encontrado su tono. Funciona como engranaje menor en la dinámica de los 4 compañeros pero bastante mal en solitario. Cece por su parte sí que es claramente la mente cuerda dentro de la locura reinante. Su mayor pega es que por ahora solo encaja con Jess y Schmidt y siendo una serie de tan solo 5 personajes necesitaría hacerlo también con los otros 2. Tampoco estaría mal que de vez en cuando se soltara un poco la melena.

Estos pequeños peros los salvan tanto la buena dinámica coral como los 3 personajes más potentes: Jess, Nick y Schmidt. Zooey está genial en su personaje de adorable nerd, esa tía buena inepta social, tan querible que solo puede existir en la ficción. Schmitd es probablemente el personaje comedia revelación del año, un Wolowitz musculado siempre a medio camino entre el patetismo y la genialidad. Y por último mi favorito Nick, el desequilibrado treintañero absolutamente perdido tanto en lo emocional como en lo profesional. Tres personajes geniales que hacen que New Girl merezca mucho la pena.

Recomiendo darle cuatro capítulos, lo que hace falta para pasar el test New Girl. Si te gustan los personajes encontarás una comedia muy disfrutable, quizás no a la altura de otras en cuando a risas o momentos memorables, pero siempre un gran lugar feliz que te dejará con la sonrisa en la boca. Con Zooey de por medio no podia ser de otra forma.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Diez momentos de la temporada

Siguiendo los blogs de Crítico en Serie y El diario de Mr. McGuffin yo también me apunto a los momentos de la temporada. 10 highlights que incluyen spoilers (en orden) de House, Homeland, American Horror Story, Juego de Tronos, Fringe, Dexter, Mad Men, How I Met Your Mother, The Walking Dead y Girls.

Resacón en House´s place. A pesar de que la última escena de la serie con House y Wilson cabalgando hacia el horizonte podría ser perfectamente el momento elegido me quedo con el final de The C Word. Tras 40 minutos de absoluta carga dramática lo ultimo que esperábamos era un final a lo Resacón en las Vegas. Una de las últimas genialidades del doctor.

Brody en el bunker. Probablemente la escena más agobiante de la temporada. Brody encerrado en el bunker con decenas de mandatarios estadounidenses a punto de inmolarse. Unos primeros planos asfixiantes que nos trasladaron a la perfección la gravedad del momento.

El opening de American Horror Story. Tras una escena de introducción inquietante vimos por primera vez el opening más acojonante ever. Lástima que la serie no estuviera a su altura (a nivel miedo al menos)

Tyrion Wallace. La batalla de Aguasnegras ha sido, a falta de la finale, el momento cumbre de la segunda temporada de Juego de Tronos. Y a pesar de que el ataque con fuego Valyrio fuera lo más espectacular, yo me quedo con el discurso de Tyrion a lo William Wallace en Braveheart o Aragorn en El Discurso del Rey. Halfman se gana el respeto de los demás guerreros y de paso los lleva a la victoria (con algo de ayuda final).

El futuro de Fringe. Con una cuarta temporada inferior a las 2 anteriores quizás sea mejor mirar al futuro, y precisamente de allí viene su momentazo. Concretamente del 4x19 donde descubrimos que el auténtico enemigo de Fringe lleva entre nosotros desde el primer capítulo. Ver al malicioso Windmark, comisario Observer, matar con la mente fue bastante impactante.

Lane vs Peter. En Mad Men los momentos cómicos rara vez suelen llevar la firma de otro que no sea Roger Sterling. Pero si hubieramos tenido que apostar por otro jamás lo habríamos hecho por el impoluto Lane Pryce que nos soprendió desmelenándose y retando a Pete Campbell al combate de boxeo más lamentable y divertido del año.

Dexter exposed. De la peor temporada, con diferencia, de Dexter se puede rescatar un momento que si bien fue algo anticlimático será imprescindible para el devenir de la serie: por fin Deb pilló a Dexter con las manos en la masa.

La borrachera de Marshall. En una temporada en la que HIMYM se hizo mayor y destacó por el cambio de tono, con capítulos bastante chungos, las risas volvieron en la recta final con una legendaria borrachera de Marshall que rescató a Beercules de Dadyland.

Rick vs Shane. O cuando por fin The Walking Dead nos dio buenas escenas sin zombies de por medio. La tensión entre Rick y Shane fue el principal motor de la temporada abrazando al fin la filosofía de los comics: los zombies son malos, sí, pero los humanos son peores.

Las escenas sexuales de Hannah. Sin pudor, muy divertidas e instructivas en 2 sentidos: Girls no se corta y Lena Dunham tiene muy muy muy poca vergüenza.

martes, 22 de mayo de 2012

A House Christmas Carol

Dicen que algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Algo de eso sabe el bueno del doctor House que ha pasado sus últimas horas en la pequeña pantalla lidiando con algo tan doloroso como el inevitable final de su inseparable Wilson, algo que, como no podía ser de otra manera, le ha afectado profundamente.

Y con esta trágica certeza rubricada en el capítulo 20 llegó la series finale. House se despidió definitivamente con un capítulo en el que, por primera vez en ocho años, realiza un ejercicio de auténtica introspección que lleva a esclarecer algunos de los interrogantes que llevan flotando en el aire desde el inicio de la serie.

Es habitual que la gente que tiene una experiencia cercana a la muerte cambie su modo de ver la vida de manera radical. House no tiene una experiencia cercana, se enfrenta a la muerte cara a cara atrapado en un edificio en llamas, momento en el que su subconsciente le muestra sus anhelos en forma de fantasmas del pasado que le empujan a tomar su decisión definitiva.

Su profesión, el amor o la muerte. Tres temas que han sido una constante en mayor o menor medida durante toda la serie. Tres conversaciones con tres fantasmas (Amber, Stacy y Cameron) que acaban en una aparente epifanía vital para el doctor, decidido a cambiar tras la experiencia. House parece haber vivido su particular "Cuento de Navidad" del que resurgirá como un hombre absolutamente nuevo cuando el edificio estalla. En el final más cruel posible pierde la vida cuando había decidido empezar a disfrutar de ella.

Puede que este giro haya engañado a algún curioso que se haya acercado solo a la series finale pero no ha podido hacerlo ni por un segundo con los que llevamos 8 años con nuestro querido doctor. Y es que House no puede cambiar. Si no lo ha hecho durante 8 temporadas no lo iba a hacer en la escena final de la serie.

Y es que ese "Puedo cambiar" no se refiere a un cambio de paradigma vital, como el que sufriera Ebenezer Scrooge en el famoso "Cuento de Navidad". Ya sabemos que House no es capaz de algo así. De lo que sí es capaz, por primera vez en su vida, es de tomar la decisión menos egoísta, de sacrificarse por la única persona que realmente le ha importado

Así en un final perfecto para la serie que la convierte en una especie de Buddy Movie de 8 años, House tira su vida por la borda por la única persona que le dio sentido a la misma. Y al ritmo de Enjoy Yourself se despide cabalgando al lado, no solo de su mejor amigo, sino de la otra cara de su misma moneda.