lunes, 11 de junio de 2012

Los infelices de Madison Avenue

La infelicidad. Un tema recurrente en Mad Men que a golpe de guion se ha convertido esta temporada en el leit motiv central de la serie. Como respuesta simbólica a su difícil parto Mad Men nos ha ofrecido su temporada más oscura, más asfixiante, más desasosegante. Don es infeliz por naturaleza pero en este quinto año ha traspasado su habitual infelicidad que se ha filtrado por los muros de SCDP como una nube de gas tóxica, alcanzando a todo el que se cruzaba a su paso. ¿Queda alguien entero por ahí?

Un vendaje temporal sobre una herida permanente. Así define Pete Campbell, sobre el que volveré más adelante, su vida familiar. Y esto mismo ha sido Megan para Don. Un salvavidas para agarrarse en un momento de deriva absoluta. Un vendaje que tapó su herida permanente. Algo que llegó a funcionar para Don pero no así para Megan. Y Don alejado de su egoísmo habitual, inspirado por su breve encuentre con Peggy, deja que Megan vuele. Retira el vendaje antes de que quede inutilizable. Se niega a convertirla en otra Betty, aunque el precio a pagar sea volver a oscuras barras de bar. Su viaje finaliza, y la duda está en saber qué ha aprendido por el camino.

Pete por su parte ha abrazado enteramente al draperismo. Su motor siempre ha sido su ambición, ambición que ha ido alimentando y alimentando hasta cebarla. Cuando ha llegado a su límite, cuando la necesidad de obtener cada vez más ha dejado de llenar su agujero se ha topado de lleno con una vida familiar absolutamente insatisfactoria. Rory Gilmore ha sido su primer paso en el draperismo, modus vivendi que tendrá como centro de operaciones ese piso en la ciudad al que tan inocentemente accede la infeliz Trudy. Pete tratará de vivir como Don sin ser Don. No puede acabar bien.

En una serie con un tono tan masculino son curiosamente las mujeres las que salvan la cara esta temporada. Peggy y Megan han atravesado su particular purgatorio con Don, el de Peggy más largo, el de Megan más intenso, tras el que ambas tocan sus sueños con la punta de los dedos. No sería de extrañar una sexta temporada sin su presencia como parte de un reinicio final para Don cara a los 2 últimos años de la serie. Otra que alcanza sus sueños, o más bien el lugar que merece, es Joan. La explosiva señora Harris lleva siendo el motor de la empresa desde los tiempos de Sterling Cooper pero la meritocracia es esquiva para las mujeres, pregúntenle a Peggy. Casi destinada por su despampanante belleza, Joan logra al fin su corona... en la cama. Un alto precio para un futuro prometedor que solo pueden oscurecer sus demonios personales con Lane a la cabeza.

Con Peggy y Megan dudamos sobre su retorno pero la que es segura es la despedida de Lane, con la que por cierto Jared Harris cierra su annus horribilis televisivo. Lane siempre ha sido un pez fuera del agua, tanto en su matrimonio, intentó huir de él para regresar con el rabo entre la piernas, como en la empresa, donde siente que solo está por necesidades del guion. Su suicidio funcionó mejor como catalizador del ambiente de asfixiante infelicidad que se había instalado en la serie casi sin que nos diéramos cuenta que como salida absolutamente coherente para el personaje, suicidio que, eso sí, puede traer interesantes futuras repercusiones.

Queda por hablar de Roger. El Mad Man por excelencia es casi la hormiga exploradora para este grupo de infelices, enseñándoles el camino de cabeza a la miseria absoluta. Hastiado de su trabajo, coleccionando matrimonios, siempre creí que el motivo de la infelicidad de Roger era su amor imposible con Joan, una idea tan naif que no se ni como pude considerar. Joan es una más, como demostró el caso Jaguar, y Roger el auténtico fantasma de la empresa, tan perdido que solo el colocón de LSD le recuerda que merece la pena seguir vivo.

SCDP echa el cierre con el mejor trimestre de su corta historia. Y sus personajes con los bolsillos cada vez más llenos, los corazones cada día más vacíos. Quizás en los tiempos de desigualdades sociales más grandes que se recuerdan en décadas Weiner lance un salvavidas mostrandonos ya sin titubeo, las miseras de los guapos y ricos de Madison Avenue. Quizás simplemente nos esté contando la historia de un grupo de infelices. Sea como sea, la caída libre continua.

1 comentario:

  1. Ha habido muchas cosas que me han gustado de la temporada, pero en especial me gusta que hayan tratado de innovar en lo visual y que hayan continuado con un muy coherente retrato de Don, a mi parecer.

    Coindido contigo en la cuestión de la felicidad aunque reconozco que a lo largo de la temporada ha habido cosas que no me han convencido demasiado, como esa necesidad de mostrar taaaan claramente lo que le ocurre a Pete o la muy predecible situación de Lane.

    Saludos!

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