lunes, 24 de octubre de 2011

Cuando solo quedan zombies

The Walking Dead fue una de las series que más expectación levantó la temporada pasada. A su favor jugaban muchos factores: el género zombie tan en boga como fan maker, el brutal maquillaje que enseñaban las primeras imágenes, provenir de AMC y por último ser la adaptación de una saga de comics tan exitosa como venerada. El hype mode on estaba justificado.

A pesar de que su éxito era anticipable AMC no se la jugó y decidió apostar por una primera temporada de tan solo 6 capítulos, primera temporada que nos dejó con sabor agridulce y sensaciones contradictorias. Nos quedamos con ganas de más pero la serie no había satisfecho todas las espectativas depositadas en ella. Achacamos este hecho a la dificultad extra que suponía iniciar un producto así con tan solo 6 capítulos en los que daba tiempo a poco más que presentar los personajes y la situación. Anunciada una segunda temporada de, ya sí, 13 episodios, las espectativas volvían a subir: la serie estaba ante su auténtica prueba de fuego.

Sin embargo el inicio de esta segunda temporada ha sido algo desalentador, no porque los 2 episodios emitidos tengan en sí un nivel malo si no porque se adivina que no se ha resuelto el principal problema de la primera temporada: en cuanto no vemos zombies en escena la cosa cae bastante. No zombies no party. Haciendo memoria, y considerando que ha pasado casi un año desde mi primer y único visionado, 3 momentos vienen a mi memoria cuando pienso en la primera temporada de The Walking Dead: las escenas en solitario de Rick en el piloto, el paseo entre zombies con pedazos de cuerpo atados y el ataque zombie que supone la muerte de Amy. A mi parecer estos son los 3 momentos top de la primera temporada y dudo que el fan medio de la serie incluyera otros muy distintos. 3 momentos muy significativos de lo que es la serie.

Los 3 son momentos de tensión con zombies de por medio, momentos de esos que hacen contener la respiración. Eso habla muy bien de la capacidad de la serie con respecto a la acción zombie, algo a valorar tratándose precisamente de una historia sobre zombies. Pero, ¿qué pasa con los momentos en los que no hay zombies de por medio? En los 8 capítulos que llevamos de serie solo recuerdo 2 escenas que me hicieran emocionarme sin no muertos en pantalla: el asalto de Shane a Lori y Merle Dixon en el tejado. Escenas de tensión entre los protagonistas, escenas que los humanizan, que nos hacen ver que son personas superadas por una situación extrema y no un grupo tan irreal como corajudo que no se amilana ante nada. Escenas que echamos de menos en la serie.

The Walking Dead funciona a la perfección cuando pone en juego momentos propios del genero pero da la sensación de que la serie olvida a ratos lo que es. En una película de zombies se puede vivir de la tensión zombie, de la persecución continua, de las escenas agobiantes. No es necesario que se desarrolle en otras direcciones porque tan solo dura 2 horas. Una serie que esta temporada va a emitir 13 episodios, que sumados a los 6 anteriores hacen 19, lo que supone más de 15 horas de duración, tiene que funcionar a muchos más niveles ya que es totalmente imposible que solo viva de momentos de tensión zombie. De repetirse continuamente estos perderían su impacto y a la larga acabarían cansando.

Todo indica que el núcleo central de la segunda temporada va a transcurrir en la granja que vemos en el segundo episodio, algo a priori bastante desalentador y que sin embargo supone una oportunidad de oro para que se desarrolle en esos otros niveles tan carentes hasta el momento como necesarios para asegurarle una supervivencia digna. Si no lo consigue su destino es ser la nueva Heroes, un producto con más pontencial que realidad.
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domingo, 16 de octubre de 2011

El dubitativo retorno de Fringe

El retorno de Fringe es uno de los acontecimientos más esperados de la temporada por todo seriéfilo amante de la buena ciencia ficción. La calidad de la serie, los cliffhangers con los que siempre acaban las temporadas (de esos que nos hacen tachar días en el calendario), el cariño que inevitablemente hemos cogido a los personajes (especialmente a Walter)... muchos factores que hacen que acojamos y juzguemos el retorno de Fringe con exaltación, para lo bueno y para lo malo. Si a poco que la serie nos ofrezca no dudamos en situarla en el olimpo de la TV en cuanto baja un poco el nivel las alarmas más catastrofistas no tardan en dispararse. En lo que respecta al inicio de su cuarta temporada, las reacciones exageradas tocan del lado negativo. Y es que creo que la serie está teniendo un comienzo, cuanto menos dubitativo.

El cliffhanger que cerró la tercera temporada, la eliminación de la existencia de Peter, obligaba a la serie a reiniciarse, sin embargo, siendo el joven Bishop el elemento central de la mayoría de los acontecimientos de Fringe su no existencia apenas ha variado el curso de la historia. Las vidas de los personajes, en especial Walter y Olivia, son ligeramente distintas, pero la situación general de ambos universos, es prácticamente idéntica. Probablemente haya influido de manera decisiva el hecho de que, sabiendose ante su, casi con seguridad, última temporada los guionistas no podían permitirse el lujo de "gastar" una parte de ella en presentarnos una historia alternativa, sin embargo, aún comprendiendo los motivos, no deja de parecerme una vía decepcionante.

Este hecho sumado al final del cuarto capítulo me hacen pensar que quieren "cepillarse" el supuesto eje central de la temporada "Where is Peter Bishop?" por la vía rápida. La vuelta física de Peter no ha podido ser más típica, cutrera y anticlimática. ¿De verdad a una de las pocas series que siempre ha logrado ofrecerme otra cosa que la típica aparición de la nada desnudo? ¿De verdad la vuelta de Peter Bishop se ha resuelto con un recurso usado en series como "Smallville"? La factoría JJ repite viejos errores de Lost, ofreciendo preguntas espectaculares para las que nos trae respuestas muy pobres. Y lo que es peor, con Peter de vuelta y ante el, nadie le recuerda, ¿recurrirán a otro clásico como ell "le acaban recordando porque le quieren tanto que nada puede hacerle desaparecer"? Miedo me da.

Otro de los problemas del inicio de la cuarta temporada es el bajón de calidad de los casos de la división Fringe. Salvo el del segundo capítulo, con el hombre que se enfrentaba a su otro yo psicópata, me han parecido aburridos, muy poco sorprendentes. El elemento serializado es básico pero Fringe siempre se ha caracterizado por ofrecernos capítulos autoconclusivos de enorme calidad, sin ir más lejos "White Tullip" mi episodio favorito, capítulos que por ahora brillan por su ausencia.

En la parte positiva cabe destacar a Anna Torv y John Noble, que han reinventado con maestría unos personajes a los que les han arrebatado su razón de ser, el propio Peter. Enormes actores que hacen cada día más dolorosa su ausencia en los grandes premios televisivos. Haciendo balance los primeros 4 episodios dejan un evidente sabor agridulce. Es más que probable que la serie mande a paseo estas malas sensaciones marcandose 3 capitulazos seguidos, e incluso que estas sean exageradas, estamos hablando de solo 4 episodios. Con Fringe pasa como con el alcohol, provoca exaltación para lo bueno y lo malo. Solo cabe esperar que el tan solo aceptable Larios que estamos saboreando torne rápidamente en una deliciosa Hendrik´s.
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jueves, 6 de octubre de 2011

The Shining meets David Lynch

Lo siento mucho por Homeland, cuyo genial piloto le valía por el momento para ser el mejor estreno en drama de la temporada, pero el miércoles despegó en FX American Horror Story, una serie tan diferente que merece llevarse el galardón.

American Horror Story parta de la premisa típica de la casa encantada. Familia que se muda a casa donde antes han sucedido desgracias varias y acaba volviéndose majara. Un resplandor. Sus convencionalismos acaban aquí. Y es que la serie de FX sube el nivel. Empezando por la familia que podría protagonizar un dramón de cojones per se, sin necesidad de espiritus ni casas malditas: madre traumatizada por un aborto y por una infidelidad de su marido. Marido psiquiatra adultero, reprimido sexualmente por el rencor de su esposa. Hija antisocial que se autolesiona y que, para colmo, se hace amiga de un paciente de su padre que tiene pinta de marcarse un Bowling for Colombine de aquí a tres capítulos. Si a este peliagudo cóctel emocional le añades una casa encantada que prometer volverles a todos locos el resultado puede ser espectacular.

La serie es oscura, demencial, excesiva, incluso enfermiza, esto último especialmente en las partes en las que el sexo entra en escena. Recuerda al Lynch más Lynch, el de Carretera Perdida, Twin Peaks o Mulholan Drive. Juega con el espectador, le hace dudar de si lo que ve es real, si es una alucinación de los personajes o si es directamente un sueño lo que colabora activamente en crear esa atmósfera confusa y que si bien nunca a llega a ser explicitamente terrorífica es continuamente asfixiante e inquietante. Prefiere mantenerte con el corazón en un puño que hacerte saltar en el asiento.

Deja un par de dudas, la primera la audiencia. A pesar de que el piloto tuvo gran acogida la serie es demasiado peculiar para gustar a un público mayoritario. En este sentido juega en su favor su género, el terror, tan poco tratado en televisión que le puede valer un buen puñado de fieles fans. La otra duda que me plantea el piloto es su recorrido, como estirar una trama que a priori no tiene para mucho más allá de se vuelven todos locos y acaban muertos. Habrá que ver como se desarrolla.

En definitiva, American Horror Story engancha por oscura, por demente, por Lynchiana y sobre todo por atípica. Una apuesta bastante arriesgada que espero obtenga sus frutos.
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martes, 4 de octubre de 2011

La cuarta, transición para Ellen y Patty

Temporada de transición. Creo que esta es la mejor manera de definir la cuarta entrega de Damages, la primera de las 2 que emitirá Direct TV. Cualitativamente hablando ha sido una temporada digna sin embargo a mi parecer ha renunciado a algunas de las señas de identidad que han hecho grande a la serie por lo que, a ojos de sus más acérrimos fans, ha podido resultar algo fallida.

Las 3 anteriores temporadas tenían una estructura muy definida. Damages siempre ha jugado con 2 líneas temporales, la presente, en la que se desarrollaba la trama, y la futura, que nos presentaba mediante pequeños Flashforwards situaciones bastante impactantes que correspondían con su capítulo final. Cada temporada se centraba a su vez en un caso llevado por el bufete de Patty Hewes que sin llegar a MacGuffin, quedaba empequeñecida por las situaciones que nos presentaban los flashes a pesar de estar relacionadas. Más que la resolución del caso Frobisher, Purcell o Tobin interesaba saber como llegaba Ellen a aparecer ensangrentada en medio de la calle, como se producía y acababa ese encuentro, pistola mediante, entre Ellen y Patty o como moría Tom. Por aquí empieza a traicionar su esencia la cuarta temporada.

Y es que el caso ha pasado de cuasimcguffin a ser el eje de la temporada. Esto se puede deber a varios motivos aunque mi apuesta va por que es una temporada de transición, 10 capítulos que han servido para colocar las piezas en el lugar exacto donde debían estar pensando en la entrega final. Este hecho va de la mano con los fallidos flashes que, esta vez, enganchaban más bien poco. La situación que nos presentaban, el posible destino fatal de Chris Sánchez, no tenía demasiado interés ya que se centraba en la suerte de un personaje nuevo, cuya vida o muerte importaban más bien poco tanto al espectador como al futuro de la serie. De hecho, para lo que previsiblemente será el eje central de la temporada final, el cara a cara definitivo entre Ellen y Patty, habría tenido mucho más sentido la muerte de Chris que su salvación. Visto en perspectiva la temporada habría funcionado mejor con una estructura lineal pero supongo que no se ha querido renunciar al principal distintivo de la serie.

El planteamiento de su temporada final como el auténtico "face to face" entre las 2 protagonistas femeninas ha provocado que en esta, Patty haya tenido que mantener un perfil muchísimo más bajo de lo habitual, quedando relegada a un papel de consejera de Ellen. Solo una última entrega apoteósica compensara esta versión tan light de miss Hewes. Para equilibrar estas carencias la serie se ha apoyado en un caso interesante, las maniobras ilegales de una empresa de mercenarios en Afganistan, apoyado en un par de buenos secundarios como John Goodman y Dylan Baker, en el ya clásico papel de la serie de grano en el culo muy odiable.

En definitiva esta ha sido una temporada de transición, una temporada de claroscuros que deja abierta la puerta a la esperanza para una última entrega apoteósica que cerrara una serie no tan conocida y reconocida como otras pero que vale mucho la pena y merece una despedida por todo lo alto. Seguro que Patty y Ellen no defraudarán.
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