Hoy ha finalizado Crematorio, la miniserie de 8 capítulos producida por Canal + sobre la corrupción inmobiliaria en la costa mediterranea. Una serie excepcional (en el más estricto sentido de la palabra) que ha dejado algo bien claro: otra ficción española es posible.Crematorio ha demostrado que se pueden hacer series españolas sin veinteañeros guapitos que muestren carne porque sí. Sin una familia feliz que sufre cómicos enredos. Sin el caca-culo-pedo-pis. Sin edulcorar la realidad. Donde los protagonistas no ocupan las portadas de la Super Pop. Donde no ganan los buenos y pierden los malos. Donde, de hecho, ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos. Donde no está impuesto el happily ever after. No necesariamente destinada a TODOS los públicos. Con diálogos creíbles, que no te hacen pensar continuamente ¿quién cojones habla así?. Sin un cansino amor imposible, nauseabundos por saturación. Sin necesidad de grandes presupuestos, excusa oída hasta la extenuación, porque un buen guión no necesita fuegos artificiales. En definitiva ficción española que no espante, que no de vergüenza ajena.
No quiero entrar mucho en la trama pero os recomiendo fervientemente Crematorio, si para variar queréis ver una serie española bien escrita, bien realizada y mejor interpretada y sobre todo por Ruben Bertomeu, uno de esos tipos que en la vida real adoramos odiar y que en Crematorio odiamos adorar, una construcción sublime de Pepe Sancho que ya queda en el imaginario como uno de los grandes personajes de la ficción española. Crematorio debería ser el Obama de las series patrias, la que inicie una nueva corriente al grito de ¡¡¡SÍ PODEMOS!!! Otra cosa es si queremos...

