lunes, 12 de septiembre de 2011

True Blood, ese gran placer culpable

Quien más y quien menos tiene uno, aunque avergüence reconocerlo. Algunos son más censurables que otros, si el tuyo es la Spanish Cheers háztelo mirar, pero todo el mundo disfruta de un placer culpable, algo con lo que goza enórmemente a pesar de que es consciente de que no debería. Hoy vengo a reconocer que el mío es True Blood. (A partir de aquí ligerísimos spoilers sobre la serie en general)

La serie de Alan Ball ha puesto fin hoy a su cuarta temporada más loca y "bizarre" que nunca. Y eso que en un principio no apuntaba esas maneras, al menos yo no lo aprecié. Partía de la atractiva premisa de una sociedad que se veía sacudida por la revelación de la existencia de los vampiros. La convivencia entre vampiros y humanos daba pie a tratar temas tan interesantes como el racismo o el segregacionismo. La segunda temporada continuaba centrándose en temas sociales tratando el fanatismo religioso y la intolerancia. Sin embargo la segunda trama de la temporada, la protagonizada por la ménade MaryAnne, se alejaba bastante de este tono más "serio". La gran orgía en que quedaba convertida la comunidad de "Bon Temps" en la season finale daba buena cuenta de ello.

Con la aparición de Russel Edginton, el homosexual y desequilibrado rey del Misisipi y su manada de hombres lobo adictos al V, como eje central de la tercera temporada la serie optó por seguir la que podemos llamar vía MaryAnne, enloqueciendo del todo con la aparición de un enorme abanico de criaturas sobrenaturales que han tenido su colofón en esta cuarta con las brujas y las hadas. "Bon Temps" parecía cada vez más el Nueva York de Ugly Americans. Los temas sociales desaparecían en favor de las relaciones entre miembros de las más variopintas comunidades: humanos, vampiros, hombres lobo, hombres pantera, hadas, brujas, cambiaformas... todos ellos amándose y odiándose, follándose y matándose.

Placer culpable decía, pero justificado. La serie es entretenimiento puro y duro, excelentemente narrado, me descubro ante la habilidad de Alan Ball para hacer hueco a las historias de 15 personajes por temporada sin que ninguna pierda interés, y cuyo mayor atractivo radica en ese "bizarre" del saber que todo es posible y aun así seguir sorprendiéndote con los giros truculentos, con las imágenes absurdas (la de Sookie alimentando a la vez a Bill y a Eric en albornoz se ha llevado la palma esta temporada) y con el surrealismo más loco y divertido que se puede encontrar en la pequeña y gran pantalla. Así finaliza su cuarta entrega con la que ha sido de largo su mejor season finale y un panorama inmejorable para el futuro. Mientras me siga dejando ojiplático, mientras siga insultando mi inteligencia y aún así pida más y más seguiré siendo un yonqui de la sangre fresca. Larga vida a "True Blood" ese gran placer culpable.

1 comentario:

  1. A mí no me ha gustado nada el final. A ti puede que sí porque te fijas más en la trama pero yo odio lo que han hecho con los personajes. Bill y Eric arrastrándose por Sookie me resultan patéticos, ignoran a mi adorada Pam como a la mierda y Eric es un cretino con ella, lo de que Sookie no eligiese a ninguno de los 2 al final era algo previsible y estúpido, han destrozado a Hoyt y matado a Nan ¬¬ NO-ME-GUSTA
    XDDD soy demasidado criticón, lo sé, me explico mejor en la crítica que hice en mi blog, aunque en realidad amo esta serie, pero me han decepcionado taaaanto u_U

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