Por fin llegó a nuestras pantallas (sí, admito que la veo doblada) la muy esperada séptima temporada de House.Este primer capítulo viene a confirmar la paulatina transformación que ha sufrido la serie. Por muy espectaculares que sean los casos clínicos, y por infinitamente carismático que sea el doctor, House corría el riesgo de autoinmolarse si no introducía otros puntos de interés. Poco a poco fueron dando importancia a las tramas personales de los protagonistas que dotaron a la serie de un alma de la que carecía en un principio.
En este punto llegamos a la séptima temporada con la relación de House y Cuddy como principal foco de atención. Y la duda es inevitable ¿está por fin el doctor preparado para mantener una relación? Ni si quiera él mismo lo ve claro. Pero a diferencia de lo que ocurrió con Stacy, House da un salto de fe. Como buen autodestructivo, esta absolutamente convencido de que no puede salir bien pero le impulsa la mejor secuela que le dejó su paso por el psiquiátrico: su voluntad de ser feliz. Puede que no lo consiga pero esta vez no será por no intentarlo.
¿Y ahora que? Con la tensión sexual de Cuddy y House por fin resuelta la serie quema uno de los últimos argumentos que le quedaban. La serie esta en el punto perfecto para cerrarla y dar un final digno a uno de los mejores personajes de la historia de la televisión. ¿Y ahora que? pregunta este episodio. Pues toca volver a disfrutar de los casos médicos más inverosímiles, ver la prueba definitiva para la infinita paciencia de Cuddy, aprender una vez más de la benevolente sabiduría del sempiterno Wilson y, sobre todo, averiguar por fin si nuestro querido House tendrá un final feliz. Tras 7 años de sufrimiento, realmente lo merece.
















































